«La Virgen de la Cabeza» una historia de miedo en Umán.


«La virgen de la Cabeza» en Umán, Yucatán.

Sin duda Yucatán tiene infinidad de historias que nuestros abuelos nos han legado de generación en generación; estas, se han convertido en leyendas que siguen vigentes y que causan terror a todo quien las escuche.

Con la llegada de los españoles surgieron los conventos franciscanos para la evangelización de los pueblos mayas, con ello trajeron diversas imágenes cristianas a los nuevos templos que construían en los poblados.

Es entonces con la construcción del monasterio de la Parroquia de San Francisco de Asís que empezó en Umán a sonar la historia de «La Virgen de la Cabeza».

 

Alrededor de los años de 1926 a 1929, en México se desató la llamada Guerra Cristera, Guerra de los Cristeros o Cristiada . Se trató de un conflicto armado entre el gobierno y el grupo de laicos, presbíteros y religiosos católicos que resistían la aplicación de la llamada Ley Calles, que proponía limitar el culto católico en la nación.

 

En la época en la que el general Salvador Alvarado fue gobernador y comandante militar de Yucatán, los soldados quemaron pinturas e imágenes religiosas a lo largo del estado.

La llegada de los soldados no se hizo esperar para entrar a la capital yucateca, Mérida; y por consiguiente, a los demás municipios. En Umán, municipio que se encuentra a solo treinta minutos Mérida, llegó un ejército de soldados a destruir y quemar los recintos religiosos; fijaron, especialmente, la mira en la Parroquia de San Francisco de Asís. Ahí se encontraban diversas figuras e imágenes de Cristo y otros santos traídos de la vieja España. Entre ellos se encontraba la imagen de la Virgen de la Asunción, situada en el nicho del retablo principal. Virgen que era muy venerada por los lugareños.

Ante el rumor de la destrucción de la parroquia, los pobladores le pedían y se encomendaban a ella para que esta situación pasara y no afectara a la población.

 

En los días más agobiantes por la llegada de los soldados, parecía que la virgen escuchó las plegarias de los lugareños. Pronto se veía algo inusual en la población, pues los soldados que pasaban frente a la puerta principal de la iglesia, y mostraban repudio hacia las imágenes y la gente, caían enfermos, en accidente o, a pocos días morían.

Esta acción se notaba más seguido, a tal grado que ya no solo fueron los soldados, sino también caía en desgracia todo aquel que mostrase indiferencia a la hora de pasar por la entrada principal de la parroquia y no se persignase haciendo la señal de la Santa Cruz.

 

La gente pidió al párroco que interviniera en el caso, pues no solo los soldados habían sido afectados, lo que era bueno hasta cierto punto, sino que todo poblador que le faltase el respeto a la iglesia. El párroco comentó que en esos días había corrido el rumor de que pobladores habían visto caminar y escuchado hablar a una mujer dentro de la Iglesia por las noches, la cual portaba un largo vestido. Pero el no creía en los rumores, pues bien podían haber confundido a la aparición con la visión del sacristán que cuidaba la iglesia.

 

Más temprano que tarde, la historia tomó rumbos más grandes; el sacristán, asustado, comentó que había visto a una mujer con las mismas características que habían comentado los pobladores, aparecerse frente al nicho de la Virgen de la Asunción. La gente atribuyó a la virgen dicha aparición. Entonces el Juez de aquello época, junto con el párroco y el comandante en jefe del ejército, se reunieron a puerta cerrada para bajar la imagen de la virgen y de una vez por todas destruirla para acabar con el terror que infundía entre los pobladores. Con un filo le cortaron la cabeza a la altura del busto, entonces se dieron cuenta de que la imagen estaba hecha de molde real, tenía como base el esqueleto de un ser humano y dentro había un corazón que parecía aún latir. Sumamente aterrorizado, el párroco, envolvió el corazón en un pañuelo blanco y lo colocó en un caja de madera con ventana de cristal; decidió que debía quedar cerrada bajo llave.

 

Al día siguiente el párroco mando a tirar la cabeza de la virgen en el pozo de la noria que se encontraba en la parte trasera de la parroquia. Con eso daban por terminada «la maldición» que atormentaba a soldados y a pobladores.

 

El Sacristán, que pasaba por ahí, vio la cabeza de la virgen en la boca del pozo de la noria; le pareció una descaro que se hayan desecho de ella de esa forma. Desconociendo todo lo que había ocurrido la noche anterior, decidió llevársela a su casa. Ya en su hogar le improvisó un pequeño altar para realizarse rezos y encomendarse a ella.

 

Es así como se olvidó la abrumadora situación y en cambio se empezaron a realizar gremios y novenas en su honor como una virgen milagrosa.

 

Hoy en día la imagen se encuentra en la Colonia Santiago de este municipio, en resguardo de la familia Cocom.

Revista SomosUmanenses

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